Confiando en la Divina Providencia, nosotras caminamos con fe y alegría, como hermanas y siervas de todos.


Somos llamadas por Dios a vivir el Evangelio y a profesar públicamente los votos de pobreza, castidad y obediencia, viviendo una vida de oración contemplativa y un ministerio activo en fraternidad. 


Acogemos a todas las personas como hermanos y hermanas. Fieles a la Iglesia y a nuestro carisma, buscamos la justicia, la paz y la reconciliación, especialmente cuando trabajamos con y en favor de los pobres.